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Aprender a Decir No

Cómo decir no sin sentirte culpable y por qué hacerlo.

El poder de decir no está en tus manos.

Nacemos para vivir; vivir esa vida que elegimos cuando somos adultos y tenemos la capacidad para decidir libre y voluntariamente. Decidimos estudiar una determinada formación profesional, decidimos si tener pareja o no, si nos hacemos un piercing o un tatuaje, si raparnos el pelo o dejar que nos llegue hasta donde la espalda pierde su casto nombre (culo), tener hijos, perros o, sencillamente, no tener nada. Este post trata de aprender a decir no y que, como todo lo anterior, es una elección libre que puedes hacer en cualquier momento, es tu privilegio, tu derecho.

Pero ¿qué pasa cuándo, por imposición, por circunstancias de la vida o por cualquier otro motivo, tienes que adaptar tu vida a algo que no tenías planeado? ¿Qué pasa cuando por esos motivos te das cuenta que has perdido prácticamente todo?

Pues pasa que te encuentras perdido, navegando sin rumbo, sin brújula, pensando en lo que pudo haber sido y no fue, pensando en el futuro, incierto de por sí.

La conclusión a la que he llegado es que hay que aprender y saber decir NO. Si algo no te conviene, di NO. ¿Estás sobrecargado? Di NO, comparte la carga. Si algo no te gusta, di NO. Si te sientes obligado, di NO.


¿Cómo aprender a decir no?

Con educación, con asertividad, respetando la integridad moral de la persona a la que se lo decimos.

Y te preguntarás ¿por qué? Pues porque la vida es una, la vida no viene y va como regresan las olas a la orilla después de un largo viaje por alta mar; la vida no tiene ticket de compra para ser devuelta si no nos gusta, y es por ello que debes aprender a decir no en muchas situaciones en tu vida.

Además, como lo dije al empezar el post, es nuestro derecho sostener un no como respuesta, como así nuestros derechos asertivos nos lo permite. Estos últimos son los que por naturaleza nos transfieren la libertad absoluta frente a las exigencias y aspiraciones de otros, siempre que no utilicemos actitudes ni agresivas, ni violentas para simplemente defender nuestra capacidad de decisión sobre cualquier tema que nos pueda afectar. De eso trata la asertividad.

Recuerda que somos nosotros los guías de nuestra vida, y como tal, debemos vivirla como mejor nos guste, pensando siempre en nuestra comodidad y para lograr esto, aprender a decir no es fundamental.

No tenemos valor, no somos ni un número ni una moneda, por eso seamos capaces de vivir plenamente, y eso solo será posible si decimos NO a todo aquello que nos haga sufrir

Porque estoy segura de que nacimos con un propósito mucho más grande que solo ir a trabajar, pagar y morir.

Negar la verdad es negarse a sí mismo

Brayan Chaparro

Para decir no, debemos asimilar dos cosas: 

  • Primero, no podemos agradar a todos. (Tan simple como eso).
  • Segundo, no vamos a ser maleducados por decir no.

Una vez hayamos asimilado lo anterior, estaremos preparados para, poco a poco, incluir en nuestra conducta premisas para decir NO.

Asimismo, debemos diferenciar entre una actitud agresiva, en la que se dice no a todo, a una actitud sumisa en la que nunca se dice no.

La mejor opción es la comunicación asertiva, en la que se dice no cuando lo creemos necesario sin herir la sensibilidad de nuestro interlocutor. Por ello debemos perder el miedo a lo que los demás pueden pensar ante la negativa o cómo se pueden sentir, lo importante es estar bien con nosotros mismos; no debemos dar tantas explicaciones ante la negativa, algo corto y preciso para no dar pie a hacernos cambiar de opinión.

Acepta la ansiedad que genera decir no, porque una vez que te mantengas firme en tus ideas no va a haber quien pueda contigo.


No estamos obligados a nada, sino a cumplir con nuestros deberes.

Si una pareja decide tener hijos, se debe compartir la crianza, porque cada miembro de esa pareja necesita su espacio, necesita vivir compaginando todo entre los dos.

Si nuestra relación se ha vuelto tóxica no tengamos miedo de dejarla y vivir la vida sin toxicidad, no pensemos en los años que llevanos juntos, en los hijos que tengamos, en los bienes adquiridos, digamos NO a la relación porque si no avanzamos en la vida, arrasaremos con ella.

No tengamos miedo a empezar de cero, porque empezamos desde la experiencia. Nunca dejes de hacer lo que te gusta porque a tu pareja, a tu familia o a tus amigos no les guste. 

No intentes agradar a nadie dejando de ser como eres, porque es a ti a quien mientes. Sé humilde, pero no te dejes nunca humillar ni por nadie ni por nada. Seamos asertivos, porque es ahí donde radica el entendimiento de la especie humana. Somos los dueños de nuestra propia existencia. Nuestra vida nos pertenece a nosotros mismos. Somos entes individuales, porque así nacemos y así morimos.

No podemos depender de nadie ni de nada para desarrollar nuestra manera de afrontar esa vida que no sabemos por cuánto tiempo la tendremos. Por eso, debemos vivirla de la manera más libre posible.

Y la única manera de llegar a tocar parte de esa libertad es empleando un monosílabo tan corto como perturbador, hay que saber decir NO.


Así que di NO, y ¡NO DEJES DE VIVIR! Porque el primer paso no te lleva a donde quieres ir, pero sí te saca de donde estás ahora.

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Escrito por Irene Martín

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